En Níger, una nación africana actualmente bajo un régimen militar, los cristianos enfrentan una severa persecución por parte de grupos islamistas radicales. Según informes recientes de Fides, estos grupos, denominados peyorativamente como “bandidos”, están imponiendo conversiones forzadas al islam bajo amenaza de severas consecuencias económicas y sociales para quienes se nieguen a convertirse.
Los hombres cristianos mayores de 15 años se enfrentan a un ultimátum: convertirse al islam o pagar un impuesto económico. Aquellos que declinan ambas opciones son forzados a abandonar sus hogares y propiedades, y a dejar los pueblos donde han residido toda su vida, en busca de seguridad en lugares menos hostiles.
El contexto actual de Níger, con un gobierno militar que ha demostrado ser ineficaz para combatir estas prácticas, agrava la situación. Estos grupos extremistas explotan la extrema pobreza de muchos jóvenes, atrayéndolos con promesas de riqueza y una vida mejor. Conforme se van adueñando de más territorio, la situación para los cristianos se vuelve cada vez más insostenible.
Esta persecución en Níger no es un caso aislado; es parte de un problema más amplio que afecta a varios países de la franja del Sahel, como Malí y Burkina Faso, donde grupos similares están extendiendo su influencia y control mediante la violencia y la coerción religiosa.
Los testimonios recogidos por Fides revelan el miedo y la desesperación de las comunidades cristianas, que se ven obligadas a huir o a someterse a las exigencias de los radicales. El mundo observa con preocupación cómo la estabilidad de la región se deteriora, y las minorías religiosas pagan el precio de un conflicto que amenaza con expandirse y profundizarse aún más en esta parte del continente africano.

