La situación de los niños cristianos perseguidos es alarmante y cada vez más grave, según el informe de Puertas Abiertas de 2024. En el último año, se han documentado numerosos casos de violencia física, discriminación y abuso psicológico contra estos menores. Uno de los datos más impactantes es el aumento de la persecución en países como Corea del Norte, Nigeria y Afganistán, donde los cristianos enfrentan agresiones constantes, secuestros y hasta asesinatos.
Los niños cristianos sufren una marginación sistemática que afecta profundamente su desarrollo. A menudo son objeto de burlas y violencia verbal en las escuelas, lo que daña su identidad y los presiona a abandonar su fe. En muchos casos, son obligados a participar en la religión mayoritaria o a mostrar lealtad al Estado, lo que distorsiona sus opciones de vida y derechos fundamentales.
En lugares como África subsahariana, el yihadismo ha exacerbado la violencia, resultando en ataques a propiedades cristianas y un incremento en los secuestros de niños para ser usados como soldados o en trata de personas. Nigeria destaca por el alto número de cristianos asesinados, representando el 82% de los homicidios globales de cristianos en 2023. Las iglesias y escuelas cristianas también han sido blanco de estos ataques, con más de 14,766 incidentes reportados en el último año.
Además, los niños cristianos son utilizados como mercancías por grupos armados en zonas de conflicto, y muchos son forzados a convertirse en soldados o a realizar trabajos forzados y servicios sexuales. Esta explotación no solo viola sus derechos humanos, sino que también intenta desarraigar la fe cristiana de las futuras generaciones al impedir que los niños y jóvenes accedan a la educación y a la práctica de su religión.
En resumen, la persecución de los niños cristianos no solo es un ataque a su fe, sino también a su desarrollo integral y derechos fundamentales, creando una crisis humanitaria que requiere una atención urgente de la comunidad internacional.

