La representación de los cristianos en Turquía pasa del 20% al 0,2%

La situación de los cristianos en Turquía ha sido un tema de preocupación durante varios años, en particular por la disminución de su población y la marginación que sufren en un país predominantemente musulmán. Aunque la Constitución turca garantiza la libertad de religión, en la práctica, las minorías religiosas, incluyendo a los cristianos, enfrentan desafíos significativos.

Históricamente, Turquía fue hogar de importantes comunidades cristianas, especialmente griegos ortodoxos, armenios y siríacos. Sin embargo, tras la caída del Imperio Otomano y el establecimiento de la República de Turquía en 1923, la población cristiana ha disminuido drásticamente debido a una serie de eventos como genocidios, intercambios de población, emigración y conversiones forzadas.

Hoy en día, se estima que los cristianos constituyen menos del 0.2% de la población de Turquía, en comparación con casi el 20% al principio del siglo XX. Las iglesias y monasterios que alguna vez fueron centros vibrantes de culto y comunidad, ahora a menudo están en ruinas o han sido convertidos en museos, como es el caso de la emblemática Basílica de Santa Sofía en Estambul.

Además de la reducción demográfica, los cristianos en Turquía enfrentan discriminación social y dificultades legales. Las comunidades religiosas no musulmanas tienen problemas para obtener reconocimiento oficial, lo que les impide poseer propiedades de manera formal. Los cristianos también enfrentan dificultades para formar y educar a sus líderes religiosos, ya que los seminarios teológicos han sido cerrados o enfrentan restricciones severas.

En el contexto político actual, marcado por un gobierno que ha promovido un enfoque más nacionalista e islámico bajo la presidencia de Recep Tayyip Erdoğan, las tensiones se han intensificado. Aunque el gobierno turco insiste en que respeta la libertad religiosa, la realidad para muchos cristianos es una constante lucha por mantener su identidad y práctica religiosa en un entorno cada vez más hostil.

La comunidad internacional y diversas organizaciones de derechos humanos continúan monitoreando la situación, haciendo llamados al gobierno turco para que proteja los derechos de todos sus ciudadanos, independientemente de su religión.

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