En los últimos años, la persecución de cristianos en México ha aumentado de forma alarmante, especialmente en comunidades rurales y zonas controladas por el crimen organizado. Aunque el país no es tradicionalmente visto como un foco de persecución religiosa, diversas organizaciones han advertido que los ataques a pastores, sacerdotes y creyentes se han intensificado, lo que pone en riesgo la libertad religiosa.
El principal foco de violencia contra los cristianos en México proviene de los cárteles de la droga, que ven a los líderes religiosos como una amenaza a su control en ciertas áreas. Los pastores y sacerdotes, que trabajan promoviendo la paz y el cambio social, son frecuentemente blanco de intimidaciones, secuestros e incluso asesinatos. Entre 2018 y 2022, varios sacerdotes católicos fueron asesinados por negarse a colaborar con los grupos criminales o por oponerse a sus actividades. Los cristianos evangélicos también han sufrido ataques, especialmente en regiones donde su influencia ha crecido.
Además del crimen organizado, otro factor de persecución se da en comunidades indígenas en el sur del país, donde ciertos grupos han rechazado la presencia del cristianismo, percibiéndolo como una amenaza a sus tradiciones. En estos casos, los cristianos son frecuentemente expulsados de sus comunidades, sus propiedades son confiscadas y se enfrentan a actos de violencia.
A pesar de esta situación, el gobierno mexicano ha sido criticado por su inacción para proteger a las comunidades cristianas perseguidas. Organizaciones internacionales han instado al gobierno a reforzar la seguridad en las regiones más afectadas y a tomar medidas para garantizar la libertad religiosa, protegida por la Constitución. Sin embargo, la falta de un enfoque claro sigue poniendo en riesgo a millones de cristianos en el país, cuya fe los convierte en blanco de la violencia.

