El año 2024 ha sido testigo de un preocupante aumento en la persecución de cristianos en diversas regiones del mundo. Según informes de organizaciones como Open Doors y Amnistía Internacional, más de 360 millones de cristianos enfrentaron niveles significativos de discriminación y violencia debido a su fe.
Asia y África han sido los continentes más afectados. Países como Afganistán, Corea del Norte y Somalia encabezan la lista de lugares donde ser cristiano implica un riesgo constante. En India, se reportaron crecientes ataques contra comunidades cristianas, mientras que en Nigeria, la violencia de grupos extremistas como Boko Haram ha provocado la destrucción de aldeas enteras y el desplazamiento de miles de personas.
En Medio Oriente, la situación continúa siendo frágil, con minorías cristianas en Irak y Siria luchando por mantener su presencia tras años de guerra y hostigamiento. Aunque algunos gobiernos han prometido proteger estas comunidades, la impunidad y la falta de justicia siguen siendo barreras para su seguridad.
A pesar de la adversidad, la resiliencia de estas comunidades se ha destacado en 2024. Las iglesias clandestinas han seguido creciendo, y se han desarrollado redes de apoyo global que proporcionan ayuda humanitaria y asistencia legal. Líderes religiosos y activistas han alzado la voz en foros internacionales, exigiendo mayor presión política para garantizar la libertad religiosa.
El 2024 cierra con una mezcla de desafíos persistentes y señales de esperanza. La comunidad internacional enfrenta el reto de reforzar su compromiso con la defensa de los derechos humanos, asegurando que millones de cristianos puedan vivir su fe sin miedo a represalias.

