Nigeria, el país más poblado de África, enfrenta una alarmante crisis de persecución religiosa, con los cristianos como principal objetivo. En las regiones del norte y en la llamada “Cintura Media” del país, los ataques perpetrados por grupos extremistas como Boko Haram, la Provincia del Estado Islámico en África Occidental (ISWAP) y milicias de pastores fulani han dejado una devastadora huella de violencia, desplazamientos masivos y pérdida de vidas humanas.
En 2024, las cifras reflejan una escalada preocupante: miles de cristianos han sido asesinados y otros tantos han sido obligados a abandonar sus hogares. Las iglesias son blanco constante de ataques, saqueos e incendios, mientras que los secuestros de líderes religiosos y fieles se han convertido en un fenómeno cotidiano. Las autoridades gubernamentales, tanto locales como nacionales, han sido ampliamente criticadas por su inacción y falta de respuesta efectiva ante esta crisis.
Expertos en derechos humanos anticipan que la situación en 2025 no mejorará significativamente. Los analistas señalan que factores como la creciente inseguridad, la expansión de grupos extremistas y las tensiones étnico-religiosas seguirán alimentando la persecución. Además, las elecciones recientes y la inestabilidad política agravan el problema, ya que los gobiernos sucesivos han fallado en priorizar la seguridad y los derechos humanos en las regiones afectadas.
La comunidad internacional ha emitido llamados urgentes para una mayor intervención humanitaria y presión diplomática sobre el gobierno nigeriano. Sin embargo, las respuestas han sido limitadas, dejando a millones de cristianos en una situación de vulnerabilidad extrema.
Mientras tanto, organizaciones religiosas y de derechos humanos en todo el mundo continúan clamando por justicia y apoyo, instando a que no se olvide el sufrimiento de quienes mantienen su fe a pesar de la persecución. El panorama para 2025 se presenta sombrío, con pocas esperanzas de un cambio inmediato.

