Saeid Mansour Abdulraziq, un ciudadano egipcio que se convirtió al cristianismo en 2016, ha sido acusado por la fiscalía de seguridad del Estado de Egipto el 22 de julio de 2025 de participar en una organización terrorista, convocar disturbios y difundir noticias falsas al solicitar que su nueva fe de cristiano figurara en su documento de identidad.
En Egipto ha sido interrogado brevemente y liberado con la advertencia de no hablar ni hacer proselitismo, pero no enfrentó cargos hasta que solicitó oficialmente el cambio de religión en su DNI.
Según el abogado cristiano Saeid Fayaz, son miles los conversos en Egipto que carecen de protección y viven entre el miedo y la incomprensión. Fayaz afirma que confiaba en la Constitución egipcia, que reconoce formalmente la libertad religiosa, sin prever que ese derecho se ejerce solo en un sentido: del cristianismo al islam, pero no al revés.
A pesar de que la constitución consagra la libertad de credo, en la práctica el Estado se niega a reconocer oficialmente la conversión del islam a otra religión. Esto ocurre por la falta de una legislación específica al respecto: los jueces interpretan el conflicto entre la Sharía y la igualdad constitucional, favoreciendo el status quo islámico.
Este caso refleja una tendencia más amplia de hostilidad contra cristianos: organizaciones como Aid to the Church in Need y otros informes registran que Egipto sigue negando el reconocimiento oficial de conversión religiosa, pese a disposiciones constitucionales en contrario.
El episodio de Abdulraziq no es aislado. Expertos en libertad religiosa sostienen que en Egipto esta libertad tiende a reducirse cuando afecta a la mayoría musulmana, especialmente si implica un cuestionamiento público de la fe islámica dominante. Convertirse al cristianismo, aun siendo un acto legalmente protegido, se convierte en un acto de valentía penalizado social y judicialmente.

