Ser cristiano en Gaza: Fe y resistencia en medio del horror

Desde hace casi dos años, la comunidad cristiana de Gaza vive una realidad de sufrimiento extremo, marcada por bombardeos, escasez total de lo básico y el miedo constante de perderlo todo.

El barrio de Zeitoun, donde se encuentra la parroquia de la Sagrada Familia, se ha convertido en uno de los pocos refugios para cristianos y musulmanes desplazados. Allí, cientos de personas viven hacinadas bajo techos que no paran de temblar cada vez que cae una bomba cercana. Más de 50 fieles han muerto desde el inicio del conflicto; entre ellos, enfermos crónicos, ancianos sin medicinas, mujeres y niños que no han podido huir.

La comida y el agua se han elevado a artículos de lujo. Un kilo de azúcar cuesta lo que para nosotros sería un despropósito, y muchas familias pasan días sin suficiente alimento. Las iglesias se han convertido en lo poco que queda de esperanza, funcionando como albergues, cocinas improvisadas y únicos puntos de ayuda humanitaria.

Además del dolor físico, hay un peso psicológico enorme. La incertidumbre de mañana, el desgaste emocional de los niños, la angustia de saber que rezar ya no basta para detener la destrucción. Pero aun en medio de esta oscuridad, la fe persiste: los sacerdotes, hermanas y fieles siguen celebrando misa, rezando, cuidándose unos a otros.

Para muchos, la gran pregunta no es ya cómo sobrevivir día a día, sino si esta pequeña comunidad cristiana podrá resistir el dolor continuo sin desaparecer. Se sienten olvidados, ignorados, pero manteniendo viva la llama de la esperanza.

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