En Haití, la comunidad cristiana enfrenta una creciente ola de violencia y persecución en un contexto de crisis política, económica y social que afecta gravemente al país. Organizaciones internacionales y locales han reportado un alarmante incremento en los ataques y amenazas dirigidas a las iglesias y sus líderes, especialmente en áreas controladas por pandillas y grupos armados.
El deterioro de la seguridad ha permitido que estos grupos, algunos con motivaciones políticas y otros centrados en el control territorial, asuman el poder en ciertas zonas. Las iglesias cristianas, vistas como puntos de encuentro comunitario y de ayuda humanitaria, se han convertido en un objetivo de saqueo y extorsión. Muchos pastores y líderes religiosos reciben constantes amenazas, y en algunos casos, se han reportado secuestros y asesinatos, aumentando el clima de miedo y desesperación entre los creyentes.
Según un informe reciente, Haití se posiciona entre los países con mayores niveles de persecución religiosa en América Latina, destacando la falta de protección y de recursos del gobierno para enfrentar la situación. La policía y el sistema judicial se encuentran desbordados, y el vacío de autoridad facilita la acción de los grupos que atacan a las iglesias y a quienes acuden a ellas en busca de consuelo o ayuda.
La comunidad cristiana internacional ha expresado su preocupación y ha pedido al gobierno haitiano y a las organizaciones internacionales tomar medidas urgentes para garantizar la seguridad de los cristianos en el país. Sin embargo, la situación parece agravarse, y muchos creyentes han optado por abandonar sus hogares en busca de refugio, lo que empeora la crisis humanitaria. La situación de los cristianos en Haití es hoy una muestra dolorosa del deterioro generalizado que enfrenta el país y del difícil camino hacia la paz y la estabilidad.

