En diversas partes del mundo, los cristianos perseguidos no solo enfrentan restricciones físicas y legales para practicar su fe, sino que también ven limitada su libertad de expresión en el ámbito digital. Las redes sociales, que en muchos casos han servido como plataformas de denuncia y difusión del evangelio, se han convertido en otro frente de censura para quienes buscan compartir contenido religioso en contextos hostiles.
Organizaciones como el SIT han reportado un aumento en la eliminación de publicaciones cristianas, la suspensión de cuentas y la restricción de contenidos relacionados con la fe en países donde los cristianos ya sufren discriminación y persecución. En lugares como China, Irán y Pakistán, los gobiernos monitorean y controlan activamente las redes sociales, bloqueando mensajes religiosos o utilizando algoritmos para restringir su alcance. En algunos casos, los creyentes han sido arrestados tras publicaciones en línea que promueven su fe.
Además de la censura estatal, algunos gigantes tecnológicos han sido criticados por eliminar publicaciones cristianas en función de políticas ambiguas o aplicadas de manera desigual. Líderes religiosos y activistas han denunciado que contenidos cristianos sobre la persecución, la oración o el testimonio personal han sido etiquetados como “discurso de odio” o “contenido sensible”, mientras que otras ideologías reciben un trato más tolerante.
Ante esta situación, diversas organizaciones han llamado a las plataformas digitales a garantizar la libertad de expresión religiosa y a implementar mecanismos más transparentes para revisar denuncias y restricciones de contenido. Mientras tanto, los cristianos perseguidos continúan buscando formas alternativas de compartir su fe y mantenerse conectados en un mundo cada vez más digitalizado.

