Cristianos perseguidos: la fe que mantiene viva a comunidades enteras
En 2026, la realidad de los cristianos perseguidos continúa siendo un fenómeno mundial que afecta a millones de creyentes en regiones diversas, desde África hasta Asia y Oriente Medio. Según el World Watch List 2025, más de 340 millones de cristianos sufren niveles altos o extremos de persecución y discriminación por su fe debido a razones políticas, religiosas o sociales. Esta situación coloca a países como Corea del Norte, Somalia, Yemen, Sudán, Pakistán, Irán, India y China entre los más peligrosos para profesar el cristianismo.
Testimonios recientes recopilados por diversas organizaciones dan voz a catequistas que, en medio de violencia y pobreza, mantienen viva la fe en comunidades alejadas. Por ejemplo, en Burkina Faso, catequistas como Mathieu Sawadogo han sobrevivido a secuestros y amenazas de grupos armados y siguen enseñando el evangelio pese a los riesgos. Su labor incluye acompañar a familias, preparar a niños para sacramentos y sostener espiritualmente a poblaciones aisladas donde los sacerdotes no siempre pueden llegar.
La persecución no se limita a África. En China, autoridades han intensificado las detenciones de líderes de iglesias no registradas, obligando a grupos religiosos a practicar en la clandestinidad y enfrentarse a arrestos arbitrarios. En otros lugares, como Nigeria, ataques armados continuados han provocado numerosas muertes y desplazamientos de comunidades cristianas, aunque las cifras y las motivaciones específicas a menudo son debatidas por gobiernos y expertos.
Organizaciones internacionales también señalan que la violencia religiosa en países como Pakistán, India o partes del Medio Oriente ha incluido ataques contra iglesias, acoso por prácticas de fe y discriminación legal, lo que obliga a muchos creyentes a ocultar o practicar su fe de forma discreta.
El papel de los catequistas es clave en este contexto. En ausencia de estructuras eclesiásticas tradicionales, estos servidores mantienen la cohesión y la esperanza de comunidades enteras, recordando que la fe no solo se transmite desde la jerarquía, sino también desde aquellos que viven el evangelio en circunstancias extremas. Su testimonio subraya que sostener a quienes enseñan y acompañan en la fe es sostener a toda una Iglesia que resiste frente a la adversidad.

