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Cristianos perseguidos, la historia se repite

Históricamente, el cristianismo siempre ha sido una religión perseguida. El mismo caso de Cristo es un ejemplo de la persecución y el sufrimiento por expresar pública y libremente la fe hacia su Padre.

Tras la muerte de Jesús, los apóstoles también sufrieron la persecución de los romanos e incluso tuvieron que esconderse bajo tierra. Recordamos las palabras de Jesús en el evangelio de S. Juan, 15,18: “Si el mundo os odia, recordad que primero me odió a mí”, y también en Jn.15, 20: “Igual que me han perseguido a mí, os perseguirán a vosotros”. Y, desgraciadamente, estas palabras no han dejado de cumplirse ni un solo siglo desde entonces, e incluso los datos hablan de que en la actualidad la persecución hacia los cristianos va en aumento. De acuerdo con la Comece (La Comisión de Conferencias episcopales europeas), el 75% de las persecuciones actuales por motivos religiosos se centran en el colectivo cristiano. Los principales motivos son: el mundo islámico radical, el totalitarismo comunista y nacionalismos políticos llevados hasta el extremo que al mezclarse con religiones o con ideologías conducen a la exclusión de otras creencias religiosas y en ocasiones al ataque brutal hacia el que piense de forma diferente como el caso de la guerra de Bosnia de 1992 al 95.

A esta realidad se suma que los cristianos siempre han tenido una tarea de ayuda al prójimo, estas labores sociales son mal vistas por el poder de países con mayoría islamista, el totalitarismo o nacionalismos extremos, porque refleja una carencia por parte del Estado al no poder atender a sus ciudadanos y garantizar unos mínimos para  el bienestar social.

No hay que olvidar la historia de los cristianos perseguidos para entender que la libertad religiosa es una tarea pendiente de muchos países y por tanto, no podemos obviar a todas las personas castigadas por su fe.

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