La reciente escalada de violencia en Siria ha resultado en la muerte de más de mil civiles pertenecientes a minorías religiosas, incluyendo cristianos, drusos y alauitas, según informes del Observatorio Sirio para los Derechos Humanos. Los enfrentamientos se han concentrado en la región costera del norte del país, especialmente en la ciudad de Latakia, un histórico bastión de la comunidad alauita, anteriormente leal al derrocado presidente Bashar al Assad.
Tras la caída del régimen de al Assad en diciembre de 2024, grupos armados leales al antiguo gobierno se han enfrentado a las fuerzas del nuevo gobierno provisional, dominado por la organización islámica Hayat Tahrir al-Sham (HTS). Estos enfrentamientos han derivado en ataques indiscriminados contra la población civil, afectando gravemente a las comunidades minoritarias.
La comunidad cristiana en Siria, que antes de 2011 contaba con más de dos millones de fieles, ha visto su número reducido a aproximadamente 579,000 debido a años de conflicto y persecución. La reciente ola de violencia ha exacerbado su situación, generando temor y desesperanza entre los creyentes.
Líderes religiosos cristianos han emitido una declaración conjunta solicitando el cese de la violencia y la implementación de un proceso de reconciliación nacional que garantice la paz y el respeto hacia todos los ciudadanos, sin importar su origen étnico o religioso. Hacen un llamado a todas las partes involucradas a asumir la responsabilidad de detener el ciclo de violencia y buscar soluciones pacíficas que preserven la dignidad humana y la unidad del país.
La comunidad internacional observa con preocupación la situación en Siria, instando al nuevo gobierno a proteger los derechos de todas las minorías y a promover un diálogo inclusivo que conduzca a una paz duradera en la región.

