"Encerrado sin Biblia: la vida cotidiana de un cristiano preso por su fe"

En Madani, Sudán, el pastor Ahmed (seudónimo para proteger su identidad) permanece tras los muros de una comisaría local desde comienzos de año. Su “delito”: practicar el cristianismo y liderar oraciones en su comunidad. Según fuentes de Morning Star News, al menos 19 cristianos han sido arrestados en Madani entre enero y febrero de 2025 bajo acusaciones vagas como “amenaza a la seguridad pública”.

Internado en una celda diminuta, a menudo sin ventilación ni acceso a agua limpia, su rutina matinal dura horas de oración en solitario. “Me levantan a las cinco; no me permiten leer la Biblia o mantener contacto con mis seres queridos”, relata a quien consigue visitas. La única “compañía” es el silencio opresivo y el eco de sus propios pensamientos, resguardados con recelo.

A diario, el cautiverio pasa factura: dolores de cabeza persistentes, estrés crónico, y la incertidumbre de no saber cuánto durará hondo su encierro. “El peor enemigo no está afuera, sino dentro de uno mismo”, confiesa Ahmed. Las autoridades lo interrogan intermitentemente sin acusaciones claras, manteniendo su caso en una parálisis jurídica calculada.

La presión sobre cristianos en Sudán es parte de una tendencia global creciente. En países como Pakistán, decenas han sido condenados bajo leyes de blasfemia, y en Nigeria, pastores y fieles sistemáticamente agredidos por militantes. Para Ahmed, su fe es lo único que sostiene un día tras otro: un breve momento de oración, una canción silenciada y la esperanza de un fallo justo.

Este relato revela cómo la persecución religiosa no solo margina, sino que fragmenta la vida diaria: sin libros sagrados, sin luz, y sin certezas. Una lucha íntima, casi invisible, en cada respiración de quienes se niegan a renunciar a su creencia.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *