Fe bajo fuego: Semana Santa y la realidad de los cristianos perseguidos

La Semana Santa es uno de los periodos más sagrados para los cristianos. Es un tiempo de reflexión, recogimiento y celebración de la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo. Sin embargo, mientras en muchas partes del mundo se vive con libertad, en otros rincones, celebrar la fe cristiana puede costar la vida.

Según diversos informes de organismos internacionales como Open Doors y ACN (Ayuda a la Iglesia Necesitada), más de 360 millones de cristianos viven en países donde sufren altos niveles de persecución. Esto incluye desde restricciones para reunirse, discriminación laboral o educativa, hasta violencia física, encarcelamientos injustos e incluso asesinatos.

Países como Corea del Norte, Afganistán, Nigeria, Pakistán y Somalia encabezan las listas de lugares donde profesar la fe cristiana es considerado un delito o motivo de represión. Las iglesias son quemadas, los creyentes son vigilados, y en algunos casos, deben reunirse en secreto para rezar o compartir la Eucaristía. En estos contextos, la Semana Santa no se celebra con procesiones o templos llenos, sino con un silencio que protege vidas.

Este contraste entre la libertad religiosa en unos países y la represión en otros nos invita a vivir la Semana Santa no solo como una conmemoración litúrgica, sino también como un acto de solidaridad con aquellos que, al igual que Jesús, cargan con la cruz de la persecución. Recordarlos en nuestras oraciones y alzar la voz por su derecho a la libertad religiosa es también una forma de vivir el mensaje de amor y justicia que representa esta semana sagrada.

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