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La cruz del SIT, la cruz de la esperanza

Algunas veces sobrevivir supone experimentar las dos caras de la moneda: la cara y la cruz, la buena y la mala. Sor Lika, Ismail y Christina están de acuerdo en que mantenerse en pie y seguir vivos tras el paso del Daesh (Estado Islámico) en Qaraqosh y Bartella, dos ciudades cristianas localizadas al norte de Irak, supone motivo de alegría pero también de tristeza.

En el año 2017, algunos países y otros grupos armados que combatieron contra el Daesh declararon la victoria sobre el grupo terrorista y el final de la guerra, pero las ciudades quedaron destrozadas y muchos de los corazones de esos cristianos que tuvieron que huir, también. Tanto en Qaraqosh como en Bartella están intentando reconstruir sus casas, sus iglesias, en definitiva, sus vidas.

Sor Lika es una de esas monjas que no pierde la sonrisa aunque vengan tiempos difíciles, una mujer que sabe escuchar con el corazón abierto, empática y que nunca juzga. Junto a sus otras hermanas dominicas tuvieron que acompañar a la comunidad cristiana iraquí a los campos de refugiados de Erbil mientras el Daesh se apoderaba de sus casas, quemaban sus libros y destruían todas las cruces que encontraban. La vuelta no ha sido fácil, sor Lika destaca que “las personas que tuvieron que vivir en esos campos de refugiados lo pasaron muy mal por falta de alimentación y de productos de necesidad básica, a pesar de la ayudas que recibieron como la de Solidaridad Internacional Trinitaria (SIT), pero la vuelta a las ciudades cristianas ha sido peor: el miedo de que vuelva a ocurrir, la destrucción de todo lo que les había llevado tiempo y esfuerzo levantar, muchos amigos y familiares que no han vuelto porque no han sobrevivido o están muy lejos y todo esto, sin recibir ninguna ayuda por parte del Gobierno iraquí que no protege a los cristianos”. Aún así, la dominica está convencida de que volver a levantar la cruz en lo alto de las catedrales es un símbolo de resilencia, de amor y de perdón y esos son los motores para volver a construir las dos ciudades de Qaraqosh y Bartella, y sobre todo, todos los corazones que han vuelto con esperanza a sus orígenes.

Si hablamos de esperanza, hay días que Ismail siente que le roza y otros que ni se para a mirarle. La historia de este chico de 20 años vuelve a empezar tras escapar del Daesh, reunirse con su madre y volver a su hogar. El grupo terrorista se lo llevo a punto de pistola, le obligaron a convertirse al Islam, a aprender a disparar un arma y a rezar sentado hacia la Meca. Años perdidos para un joven cristiano al que no le permitieron estudiar, soñar y alcanzar sus metas. Tras un tercer intento, Ismail consiguió escapar de quiénes le tenían prisionero pero ahora sus vecinos no confían en él: el miedo que ha generado el Daesh hace que la desconfianza reine entre los ciudadanos de Bartella. Ismail tiene problemas para conseguir un trabajo e ir a a escuela y por eso se ha refugiado en sus dibujos. Su madre cree en la paciencia y espera que el tiempo haga que el menor de sus hijos tenga una segunda oportunidad.

En una segunda oportunidad está trabajando Christina, una menor que volvió a los brazos de su madre después de unos seis años aproximadamente, era casi imposible reconocerla después de que la apartaran de su familia cuando era un bebé. El Daesh capturó a la pequeña y la educaron para servir al grupo terrorista. Tras la derrota, el Gobierno iraquí llevo a cabo un programa para reunir a todos los presos con sus familiares y Christina fue una de ellos. Cuando los militares se presentaron con la pequeña en la puerta del que había sido su hogar; su madre no podía reconocerla, en su interior sentía que no volvería a verla pero Christina guardo el peluche con el que viajaba el día que se la llevaron y ese fue el detalle revelador de que era ella. La pequeña habla poco y mira todo con un par de ojos bien abiertos, ha vuelto al colegio y aunque le cuesta sociabilizarse, poco a poco y gracias a sus hermanos mayores, vuelve a recobrar la normalidad que todo niño debe tener para crecer seguro y en un entorno amable.

Solidaridad Internacional Trinitaria trabaja para ayudar a estas personas. El SIT lleva recursos, esperanza y la posibilidad de tener una segunda oportunidad a todos los cristianos perseguidos que han sobrevivido a una pesadilla. A través de sus viajes, conocen esos testimonios y por tanto, las necesidades de cada uno de ellos para adecuar los recursos a esos proyectos personales de cada uno. También llevan cruces que simbolizan la esperanza, el lado bueno de la moneda.

 

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