La infancia cristiana bajo asedio: niños víctimas del aumento global de la persecución religiosa
La persecución de niños cristianos en diversas partes del mundo se ha intensificado, y las cifras recientes revelan una situación alarmante que exige atención urgente. Según el informe Open Doors International del “World Watch List 2025”, más de 380 millones de cristianos enfrentaron “altos niveles” de discriminación o violencia por su fe entre octubre de 2023 y septiembre de 2024, lo que representa un aumento de 15 millones respecto al año anterior.
En particular, los niños figuran entre las víctimas más vulnerables. En Kauru County (estado de Kaduna, Nigeria), el 24 de agosto de 2025 un ataque atribuido a pastores fulanis acabó con la vida de siete cristianos, de los cuales cinco eran menores (edades: 12, 5, 1, 9, 15).
Otro informe documenta que en una sola comunidad cristiana de Nigeria murieron más de 300 personas en solo tres meses, incluidas decenas de niños.
Este tipo de hechos se encuentra en un contexto más amplio: la persecución cristiana en Nigeria suma más de 7.000 muertos y alrededor de 7.800 secuestrados entre el 1 de enero y el 10 de agosto de 2025, según la organización International Society for Civil Liberties and Rule of Law.
Los niños cristianos sufren no solo homicidios y secuestros, sino también desplazamiento forzado, destrucción de sus comunidades, imposibilidad de acceder a educación y amenazas de conversión forzada. En un informe del fondo Barnabas Aid se señala que en regiones como el Sahel y Myanmar niños cristianos “son rechazados en escuelas o víctimas de bombardeos en campamentos de desplazados”.
Analistas advierten que estas agresiones están impulsadas por una combinación de extremismo religioso, disputas por tierras, y regímenes autoritarios que restringen la libertad religiosa.
En conclusión, mientras millones de cristianos sufren persecución, los niños cristianos se encuentran particularmente expuestos: asesinados, secuestrados, desplazados o privados de derechos fundamentales. Esta realidad exige una respuesta coordinada internacional, mayor visibilidad pública, y protección especial para la infancia vulnerable por motivos de fe.

