A pesar del aumento alarmante en la persecución de los cristianos a nivel global, los gobiernos europeos siguen ignorando en gran medida este problema, según denuncias de organizaciones de derechos humanos. Aunque informes anuales como el de Open Doors revelan que más de 360 millones de cristianos en todo el mundo enfrentan altos niveles de discriminación, violencia y persecución, las políticas de la Unión Europea y otros países europeos no han abordado adecuadamente esta crisis.
Los cristianos son el grupo religioso más perseguido del mundo, con altos niveles de violencia en países como Corea del Norte, Afganistán, Nigeria y Pakistán. Sin embargo, los países europeos no han priorizado este tema en sus agendas diplomáticas ni en las conversaciones sobre derechos humanos. Organizaciones como el SIT señalan que, aunque existen resoluciones del Parlamento Europeo sobre la libertad religiosa, la falta de medidas concretas refleja una indiferencia preocupante.
El caso de los cristianos perseguidos en el Medio Oriente y África es particularmente grave. En naciones como Nigeria, miles de cristianos han sido asesinados por grupos extremistas como Boko Haram y los pastores fulani, pero la respuesta de los países europeos ha sido limitada. Incluso en zonas donde el genocidio está en marcha, las sanciones o el apoyo diplomático para proteger a estas comunidades han sido escasos.
Expertos en libertad religiosa argumentan que esta falta de acción se debe en parte a la tendencia de los países europeos a evitar intervenir en asuntos religiosos para no complicar las relaciones diplomáticas. No obstante, líderes religiosos y activistas están instando a Europa a asumir un papel más activo en la defensa de los cristianos perseguidos, argumentando que la inacción solo perpetúa la violencia y la intolerancia.

