Hace apenas cinco años, las organizaciones internacionales alertaban sobre una creciente hostilidad hacia los cristianos en diversas regiones del mundo. Sin embargo, lo que entonces parecía una tendencia preocupante se ha convertido hoy en una realidad alarmante. Según el más reciente World Watch List de la organización Open Doors, más de 365 millones de cristianos enfrentan actualmente niveles altos o extremos de persecución por su fe, frente a los 215 millones registrados en 2018.
El aumento es notable: en términos porcentuales, representa un crecimiento de más del 70 % en apenas un lustro. En 2018, se estimaba que uno de cada doce cristianos sufría discriminación o violencia por motivos religiosos; hoy, esa cifra asciende a uno de cada siete.
Las cifras reflejan también un incremento en la violencia directa. En el último año, más de 4.400 cristianos fueron asesinados por su fe, frente a los alrededor de 3.000 registrados en el informe de 2018. Los ataques a iglesias y propiedades religiosas también se han multiplicado: en 2024 se documentaron más de 7.600 ataques, un número que, aunque menor que el de 2023, sigue superando ampliamente los registros de hace un lustro.
Las regiones más afectadas siguen siendo África subsahariana, donde grupos extremistas como Boko Haram o el Estado Islámico continúan atacando comunidades cristianas, y Asia, donde regímenes autoritarios en países como Corea del Norte, China o India endurecen las restricciones religiosas.
Mientras tanto, la respuesta internacional continúa siendo limitada. Organizaciones como Open Doors, Ayuda a la Iglesia Necesitada y Amnistía Internacional insisten en que la persecución religiosa no solo vulnera la libertad de culto, sino que se ha convertido en un indicador de deterioro de los derechos humanos en general.
Cinco años después, el panorama para los cristianos perseguidos en el mundo no solo no ha mejorado, sino que evidencia un retroceso profundo en la libertad religiosa global.

