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Los cristianos huidos de Afganistán se encuentran en una situación insegura

El poder de los talibanes en Afganistán supone un duro revés para los derechos de las personas pero sobre todo para el de los cristianos.

Zabi consiguió huir. “En mi familia somos cristianos clandestinos”, dice. “Hace unos años, los talibanes vinieron y se llevaron a mi padre porque era cristiano. Durante meses lo torturaron y terminaron matándolo. Meses después, mi hermano también desapareció y nunca volvimos a saber de él”.

Cuando los talibanes tomaron el control del país, Zabi supo que tendría que huir si quería salvar su vida. Zabi es joven, tiene estudios y es activista en materia de derechos humanos: todas estas son cualidades que la convierten en un potencial objetivo de los talibanes. El pasado mes de agosto, algunos cristianos pudieron escapar junto con las fuerzas internacionales que abandonaron el país, pero ella se quedó allí. Frente a la amenaza de muerte, se vio obligada a coger todo lo que pudo y escapar hacia la frontera.

Aunque ha conseguido salir de Afganistán, su vida no ha mejorado. “La situación es desesperada”, afirma. “Tengo dinero en mi cuenta bancaria, pero no puedo acceder a él desde aquí. Tengo una tarjeta de crédito, pero caducará pronto. Puede que tenga que esconderme toda la vida, o que me terminen deportando a Afganistán. Allí probablemente me matarían”.

La situación de Zari es muy común entre los cristianos que huyeron de Afganistán, por eso es importante que reciban el apoyo necesario para empezar una nueva vida. Desde el SIT trabajamos para prestar toda la ayuda necesaria a los cristianos que sufren este tipo de acoso y persecución.

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