En la noche del viernes 13 de junio de 2025, militantes armados atacaron la localidad de Yelwata, en el estado de Benue, en el centro de Nigeria, donde se encontraban familias cristianas desplazadas por violencia previa. Según informes de Aid to the Church in Need, los agresores, identificados como extremistas fulani, irrumpieron en edificios habilitados como refugio (muchos con más de 500 personas durmiendo), utilizando combustible para incendiar puertas antes de abrir fuego y atacar con machetes.
La Cruz Roja y fuentes locales calculan que murieron hasta 200 personas, incluidas mujeres, niños y bebés, muchos de cuyos cuerpos fueron hallados quemados o decapitados. El sacerdote local, fray Ukuma Jonathan, dijo: “La matanza fue realmente atroz. Los cadáveres estaban esparcidos por todas partes”.
El ataque se produjo después de que la policía repeliera un primer asalto al templo de San José, donde dormían otras 700 personas, pero luego los atacantes cambiaron su objetivo al mercado convertido en refugio.
El párroco que sufrió los atentados, quien sobrevivió tras tirarse al suelo al escuchar disparos, ha prometido permanecer en Yelwata para ayudar en la reconstrucción del templo y las casas, y exige presencia militar permanente en la zona. Líderes eclesiásticos han denunciado las demoras de las fuerzas de seguridad, que solo llegaron al lugar al día siguiente .
El papa León XIV expresó su condena y pidió justicia: “Rezo por los brutalmente asesinados… por las comunidades rurales del estado de Benue”. La masacre es descrita como la más letal en la región en años, y forma parte de una ola creciente de ataques islamistas y conflictos entre pastores fulani y agricultores cristianos.
Las organizaciones humanitarias y líderes religiosos exigen una respuesta internacional urgente que garantice la protección de comunidades vulnerables y la rendición de cuentas a los responsables de esta tragedia

