sit.internazionale.web@gmail.com

Militares de Myanmar asesinan a dos cristianos que recogían alimentos para los desplazados

La tensión y el peligro aumentan en la región de la antigua Birmania. La persecución de los cristianos en Myanmar se ha cobrado la vida de dos jóvenes, de 20 y 21 años, que recogían alimentos para los desplazados de Demoso, en el Estado de Kayah. Los soldados de la Junta Militar los ejecutaron el pasado viernes.

Los dos jóvenes asesinados, Alfred Ludu y Patrick Boe Reh, eran miembros de la parroquia de San José de Demoso. Habían ido a recoger alimentos para los desplazados por primera vez. Como no había suficiente para todos, salieron una segunda vez. Los soldados los esperaron y los mataron en el barrio de Ngu Palot. Así mismo, la iglesia de San José también fue atacada con artillería. Previamente, en días anteriores, otra iglesia -la del Sagrado Corazón, en Kayantharyar- cerca de Loikaw fue atacada, y mataron a cuatro personas que se habían refugiado en el interior del templo.

La situación es muy insegura ya que al menos 50.000 habitantes de Demoso, de otras ciudades del estado de Kayah y del norte de Shan han tenido que huir al bosque para escapar de los enfrentamientos, que en los últimos días se han cobrado nueve víctimas entre la población civil.

En ese contexto, en un “serio llamamiento”, el cardenal Charles Maung Bo, Arzobispo de Yangon (Rangún) y presidente de la Conferencia Episcopal de Myanmar, se dirigió a la comunidad internacional con motivo de los ataques a las iglesias.

Hablando en nombre de la Conferencia Episcopal de Myanmar, el Cardenal señala que “las iglesias, los hospitales y las escuelas están protegidos por la Convención de La Haya”, acusando de violación del derecho internacional a los militares, que volvieron a hacerse con el poder a principios de febrero. “Al margen de tratados y protocolos, deberíamos recordar que la sangre derramada no es la sangre de un enemigo. Las personas que han muerto o han resultado heridas son ciudadanos de este país”.

“El pueblo de Myanmar lleva meses atravesando la más profunda oscuridad. La Iglesia, a través de sus llamamientos, pero más aún a través de su trabajo, subraya que, como pequeña minoría, está haciendo todo lo posible para promocionar a la paz y a la construcción de la nación, así como para acompañar al pueblo en su desgracia, que se ve magnificada aún más por la pandemia”.

Una vez más los cristianos perseguidos son los que más sufren el conflicto, la violencia y la falta de recursos. Por eso es importante darles visibilidad y voz para que no pasen desapercibidos su sufrimiento y su dolor.

Traductor