En Nigeria existe una crisis persistente de violencia contra cristianos que suele pasar desapercibida en los medios internacionales. Desde hace más de diez años, comunidades cristianas en este país africano enfrentan ataques, secuestros y destrucción de iglesias, muchas veces sin que el mundo preste atención.
Organizaciones independientes advierten que solo entre enero y agosto de 2025, más de 7.000 personas cristianas han sido asesinadas por motivos religiosos en Nigeria, y casi 8.000 han sido secuestradas. Además, se reportan al menos 100 iglesias destruidas en lo que va de año.
Muchas de las agresiones provienen de grupos armados asociados al Estado Islámico o a militantes extremistas que operan en regiones conflictivas, como el centro y el norte del país. En un ataque reciente contra un albergue temporal para desplazados internos, decenas de creyentes fueron asesinados mientras dormían, durante una emboscada que duró varias horas.
También resulta alarmante el testimonio de grupos como Interociety, que señalan que el número de iglesias incendiadas o destruidas supera ampliamente las cifras oficiales, y que hay seminaristas raptados (más de 140 en los últimos años) por actores armados.
Según algunas estimaciones, se calcula que en Nigeria se sacrifica un promedio cercano a 32 vidas diarias por el simple hecho de profesar el cristianismo. Aunque estos datos varían según la fuente, reflejan una tendencia clara de deterioro en la seguridad y protección de derechos religiosos. La persecución religiosa no es exclusiva de Nigeria, pues en varias zonas del Sahel y África Occidental surgen patrones similares de violencia dirigida contra comunidades cristianas.

