Nigeria: el epicentro actual de la persecución contra los cristianos

Nigeria se ha convertido en uno de los países más peligrosos del mundo para los cristianos. Diversos informes internacionales coinciden en señalar que la violencia contra esta comunidad religiosa ha alcanzado niveles alarmantes en los últimos años, especialmente en las regiones del norte y del llamado “cinturón central” del país.

Según la Lista Mundial de la Persecución 2026 elaborada por la organización Open Doors, entre octubre de 2024 y septiembre de 2025 fueron asesinados 4.849 cristianos en todo el mundo por motivos relacionados con su fe, y 3.490 de ellos murieron en Nigeria, lo que representa más del 70 % del total global. Esto confirma al país africano como el lugar más letal para quienes profesan el cristianismo.

La violencia tiene múltiples causas. Por un lado, grupos yihadistas como Boko Haram y el Estado Islámico en África Occidental (ISWAP) han llevado a cabo durante años ataques contra aldeas, iglesias y escuelas cristianas con el objetivo de debilitar la presencia cristiana en determinadas zonas del país. A ello se suman secuestros masivos, incendios de templos y destrucción de viviendas, que obligan a miles de familias a desplazarse o vivir bajo constante amenaza.

Además de los ataques directos, en algunas regiones del norte —donde se aplica la ley islámica o sharia— los cristianos denuncian discriminación social y limitaciones a su libertad religiosa. Esta situación se agrava por la debilidad de las instituciones y la presencia de bandas armadas que operan con relativa impunidad en áreas rurales.

En los últimos años también se han registrado ataques especialmente violentos contra comunidades enteras. En 2025, por ejemplo, cerca de 150 personas murieron en una masacre en el estado de Benue, uno de los episodios más graves de la violencia reciente en el país.

A pesar de este contexto adverso, las comunidades cristianas nigerianas continúan manteniendo su presencia y actividad religiosa. Organizaciones humanitarias y religiosas reclaman mayor protección internacional y esfuerzos más firmes del gobierno nigeriano para garantizar la seguridad y la libertad religiosa de todos los ciudadanos.

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