Nigeria: la violencia vuelve a golpear a comunidades cristianas del centro del país
La persecución y la violencia contra comunidades cristianas continúan siendo una realidad en Nigeria, especialmente en los estados del llamado Middle Belt, donde los enfrentamientos armados, los secuestros y los ataques contra poblaciones rurales han obligado a miles de personas a abandonar sus hogares.
Uno de los episodios más recientes se produjo el 10 de septiembre en Ayilamo, una comunidad mayoritariamente cristiana del estado de Benue. Según la Policía estatal, un grupo de hombres armados atacó la localidad y provocó la muerte de once personas, entre ellas cuatro agentes que participaron en el enfrentamiento. Las autoridades desplegaron posteriormente refuerzos en la zona.
La violencia también ha alcanzado al vecino estado de Plateau. Durante el mismo fin de semana se registraron varios ataques, incluido el asesinato de pasajeros de un vehículo que se dirigía hacia Jos. Estos episodios se suman a una situación de inseguridad que afecta especialmente a comunidades agrícolas, donde la población cristiana teme regresar a sus tierras por miedo a nuevos ataques.
La dimensión religiosa de esta violencia convive, sin embargo, con otros factores como los conflictos por la tierra, la actividad de grupos armados y la criminalidad. La Comisión de Estados Unidos para la Libertad Religiosa Internacional (USCIRF) señala que grupos como Boko Haram, ISWAP y distintas milicias han cometido graves ataques contra comunidades religiosas, mientras que la población cristiana se ha visto especialmente afectada en varias zonas del centro del país.
Un informe publicado en septiembre por la organización Intersociety eleva a 3.083 los cristianos asesinados en Nigeria entre enero y agosto de 2026 y cifra en 3.193 los secuestrados. Estas cifras proceden de una organización de derechos civiles y deben interpretarse como una estimación propia, no como un registro oficial.
Para las comunidades afectadas, la persecución no termina con un ataque: también significa perder tierras, viviendas, seguridad y, en muchos casos, la posibilidad de regresar a sus lugares de origen.

